La EPO en el ciclismo

La EPO en el ciclismo

La EPO en el ciclismo tiene un largo historial de utilización fraudulenta. Uno de los deportes de resistencia más exigentes ha vivido muchos episodios de dopaje donde la eritropoyetina ha sido la auténtica protagonista.

El dopaje ha sido una auténtica lacra a lo largo de toda la historia ciclista. Y entre transfusiones autólogas, testosterona, clembuterol y una larga lista de productos dopantes o enmascaradores, la EPO ha protagonizado los episodios más escandalosos del doping.

La EPO en el ciclismo

Pero antes de comentar casos de dopaje, problemas de salud derivados del uso de la EPO, estudios realizados, y más información, conviene que sepamos, en primer lugar, qué es la eritropoyetina.

¿Qué es la eritropoyetina (EPO)?

Es un factor de crecimiento hematopoyético que ejerce su función en la línea eritropoyética. Esta línea es la responsable de la producción de hematíes, también conocidos como eritrocitos o glóbulos rojos.

La EPO es una hormona glucoprotéica que se produce principalmente en la médula renal, y que aumenta cuando se detecta una hipoxia (disminución de O2) en los tejidos.

El aumento de hematíes en sangre inhibe parcialmente la producción de EPO, por ejemplo en una poliglobulia. Conviene recordar que las células terminales de las vías actúan como retro-inhibidoras para controlar la maduración de las células y que la cifra de éstas no se dispare.

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La EPO aumenta la masa eritrocitaria de distintos tipos de pacientes (cáncer, VIH o pacientes mielodisplásicos), pero su indicación fundamental son los enfermos renales. En un tratamiento con EPO se puede ocasionar un síndrome gripal, hipertensión y hasta trombosis. Se puede inyectar EPO vía subcutánea hasta tres veces a la semana.

En el plasma la concentración normal de EPO es de 3-4 mUI/ml. La médula ósea puede incrementar la eritropoyesis hasta 10 veces en respuesta a la EPO, siempre que haya hierro suficiente para ello. En individuos con nefrectomía o patología renal, el hígado asume una producción extra-renal de eritropoyetina.

Además del déficit de O2 hay otros factores que aumentan la síntesis de EPO. Los andrógenos, hormonas sexuales masculinas, aumentan su síntesis, lo que explica la diferente concentración de hemoglobina en los hombres, así como el número de hematíes de ambos sexos.

También existen factores que inhiben la eritropoyesis, como el TNF (factor de necrosis tumoral), y en general las citoquinas inflamatorias como la IL-1 (interleucina – 1), responsables de los bajos niveles de EPO en pacientes con enfermedades crónicas.

¿Qué implica un aumento de la masa eritrocitaria?

Una de las funciones de la sangre es la del transporte de gases. Los glóbulos rojos, a través de la hemoglobina presente en su interior, transportan tanto O2 como CO2.

El oxígeno es fundamental para el metabolismo celular, y en esta premisa se fundamenta el dopaje con EPO. Si aumenta la masa eritrocitaria, la cantidad de oxígeno que llegará a las células musculares será mayor. Esto se traduce en un aumento de rendimiento físico, aumentando la resistencia aeróbica.

Como veremos más adelante, un estudio basado en un esfuerzo puntual resultó inconcluyente. Pero la realidad es que tres semanas de competición de una Gran Vuelta producen un desgaste contínuo. El desgaste fisiológico afecta directamente a la masa eritrocitaria, que se resiente, sobre todo, en la última semana de competición.

Con la EPO, y un aporte adecuado de hierro, se evita este desgaste. Y no solo eso, ocurren bailes de hematocrito tan espectaculares como el que envió a Marco Pantani a casa en el Giro de Italia de 1999. Tras 19 días de competición y con valores previos de 46-47% de hematocrito, superó el 50% de hematocrito en la penúltima etapa.

La EPO en el ciclismoPantani estaba a punto de conseguir su segundo Giro de Italia consecutivo

Con el aumento de la masa eritrocitaria ocurre precisamente un aumento de hematocrito. Este parámetro era esencial para la detección de casos de dopaje con EPO. La exclusión se fundamentaba en motivos de salud porque aún no se podía detectar la eritropoyetina recombinante. No se podía acusar directamente al ciclista por uso de EPO, pero testimonios posteriores de la época dejaron claro que el uso estaba más que extendido. Motivo por el que se conocía como la “época de la barra libre de EPO”.

En 1998 el público general conoce el papel de la EPO en el ciclismo

En 1998 el público general conoció el papel de la EPO en el ciclismo. Y lo hizo cuando estalló el caso Festina durante la celebración del Tour de Francia de aquel año.

Un vehículo del equipo ciclista Festina, conducido por el masajista Willy Voet, fue interceptado por la gendarmería francesa, en la frontera, cargado de productos dopantes. El producto estrella que viajaba en ese vehículo era la EPO recombinante. También había hormona del crecimiento y testosterona.

Aquella edición del Tour de Francia fue ganada, precisamente, por Marco Pantani. El italiano se presentó como flamante vencedor del Giro de Italia de 1998, derrotando a Alex Zülle y a Pavel Tonkov. Y lo hacía en un Tour de Francia donde los focos se centraban en un nuevo duelo entre Jan Ullrich, vencedor del Tour anterior, y Richard Virenque, estrella francesa del equipo Festina.

Resulta curioso que Pantani mostrase un hematocrito superior al 50% en el Giro de Italia del año siguiente. También que Virenque acabase admitiendo el consumo de EPO, no volviendo a exhibir nunca más un rendimiento de candidato a ganador de una Gran Vuelta. Y por supuesto, que Jan Ullrich terminase, años más tarde, implicado en la Operación Puerto.

Una vez más, el apodo de época de barra libre de EPO estaba más que justificado.

El mayor escándalo de dopaje en el ciclismo

Con el caso Festina coleando, en 1999 se crea la Agencia Mundial Antidopaje. Y lo hace con la necesidad de establecer una lista de sustancias prohibidas y de promover un método de detección de la EPO recombinante.

Con Marco Pantani fuera de juego, un sorprendente Lance Armstrong iniciaría su reinado del terror en el Tour de Francia. Venció la Grand Bouclé durante siete años consecutivos. Su mayor rival fue, precisamente, Jan Ullrich.

Además, lo hizo bajo el halo de superhombre que derrotó a un cáncer testicular. Se convirtió en una leyenda y en un ejemplo a seguir… para acabar siendo uno de los mayores fraudes de la historia del deporte.

Años más tarde se destaparía la mayor trama de dopaje jamás creada con Lance Armstrong como protagonista. En el año 2013 confesó su dopaje y fue desposeído de sus siete Tours de Francia. De nuevo, la EPO figuraba a la cabeza de una larga lista de productos dopantes.

Pero entre el caso Festina y la confesión de Armstrong siguieron ocurriendo episodios vergonzosos. En la mayoría de ellos la hormona de marras seguiría siendo la estrella.

Entre el caso Festina y la confesión de Lance Armstrong

Entre 1998 y la confesión de Lance Armstrong acaecieron una larga lista de positivos por EPO. Y también de confesiones. La confesión más desgarradora la llevó a cabo un ex-ciclista que corrió en el conjunto Kelme, Jesús Manzano. Viendo como el dopaje puso en peligro su vida, alzó la voz y desveló al mundo los secretos más oscuros del ciclismo. Nuestra querida hormona, como no podía ser de otra manera, mantenía su status de gran protagonista.

Bjarne Rijs, vencedor del Tour de Francia de 1996, donde destronó al pentacampeón Miguel Induráin, acabó confesando el consumo de EPO durante aquella edición del Tour. Otros, como Erik Zabel, también hicieron lo mismo.

Entre los positivos más ilustres por consumo de EPO, el que destacó por encima de todos fue el de Roberto Heras. Ocurrió en el año 2005, justo cuando conseguía la victoria de su cuarta Vuelta Ciclista a España.

Según avanzaba la década del 2000, sin conocer absolutamente nada de la maquinaria en materia de dopaje que se gestaba tras Lance Armstrong, parecía que el ciclismo vivía tranquilamente un renacimiento, solventando los casos individuales de dopaje que iban surgiendo. Una época con la limpieza como estandarte, sancionando cada positivo con dureza. Pero una vez más, la EPO volvió a resurgir.

Y lo hizo en forma de EPO CERA, también conocida como EPO de tercera generación.

¿Qué es la EPO CERA?

La EPO CERA, o continuous erythropoietin receptor activator, es una EPO denominada de tercera generación. Su principal característica es que, a diferencia de generaciones anteriores, ésta perdura durante mucho más tiempo en el organismo.

Esto se traduce en menos inyecciones, mayor efectividad en el tiempo y la ventaja de no tener que portar inyectables encima. Además, en un principio era indetectable, a diferencia de la EPO de generaciones anteriores.

La EPO en el ciclismoImagen extraída de la Wikipedia

Aunque fue un fármaco ideado, de nuevo, para enfermos renales o para personas con necesidad de estimulación de la linea eritropoyética, sus muchas ventajas se tradujeron en un uso fraudulento para mejorar el rendimiento en deportes como el ciclismo.

Este hecho se demostró cuando por fin la EPO CERA comenzó a ser detectada en el año 2008. Entre los positivos más llamativos se encontraba el de Ricardo Ricco, apodado La Cobra. Este ciclista italiano quedó 2º en el Giro de Italia de ese año y acudió al Tour para conseguir el triunfo en dos etapas. Hasta que pitó en un control antidopaje y fue expulsado de la carrera.

Otros ilustres que dieron positivo por el uso de este fármaco fueron Bernhard Kohl e Isidro Nozal. Ambos con podios en Grandes Vueltas como el Tour de Francia y la Vuelta a España respectivamente.

La EPO en el ciclismo hoy en día

Los rumores sobre dopaje actual hablan del término microdosis para evitar el positivo en un test antidoping. Y pese a la larga historia de amor y odio de la EPO en el ciclismo, hoy en día ésta sigue siendo protagonista.

En lo que va de 2017 ha habido dos positivos por EPO de cierto renombre. El primero ha sido el de David Belda, hijo de Vicente Belda, implicado en la Operación Puerto. Y el segundo y más reciente ha sido el de André Cardoso, que iba a ejercer de gregario para Alberto Contador en el Tour de Francia de este año.

Estos casos demuestran que el idilio existente entre la EPO y el ciclismo aún tiene visos de continuar. ¿Hasta cuándo? Nunca se sabe, pero pese a que el dopaje por transfusiones sanguíneas autólogas, por hormona del crecimiento o por testosterona, han ganado terreno a la EPO, ésta hormona sigue siendo la indiscutible estrella del dopaje.

Una prueba de ello es que hasta posee un estudio, que personalmente considero mal realizado. A continuación desgranaremos los detalles.

Estudio sobre la efectividad del dopaje con EPO

La prensa se hizo eco, el año pasado, de un estudio sobre la efectividad de la EPO en el ciclismo.

El estudio consistía en reunir a un grupo de 48 ciclistas aficionados. Administrar EPO a unos y un placebo a otros, sin que ellos lo supieran, hacerlos entrenar durante meses y ponerlos a prueba en una etapa Tour de 140 Km de recorrido con final en el alto del Mont Ventoux.

El estudio reveló que los que consumieron EPO tuvieron, incluso, peor rendimiento que los que sufrieron la administración de un placebo. Concluyendo en que la EPO no era eficaz para aumentar el rendimiento físico de un ciclista. Una conclusión cuanto menos interesante que debe cogerse con pinzas.

Estudio con luces y sombras

El estudio juntó a ciclistas aficionados con cierto nivel, pero llama poderosamente la atención que nadie haya mencionado las diferencias existentes entre el consumo de EPO a nivel profesional y el consumo de EPO en este experimento.

La EPO era especialmente utilizada para las Grandes Vueltas, no solo para la preparación previa. Es decir, se utilizaba para mantenimiento y recuperación del ciclista a lo largo de tres semanas de competición.

Una etapa de 140 Km de recorrido no emula, ni por asomo, 21 días de competición prácticamente seguidos -si obviamos los dos días de descanso-. Tampoco es una auténtica etapa Tour como pudiera serlo una etapa de más de 200 Km de recorrido con colosos pirenáicos o alpinos salpicados durante el recorrido.

La EPO en el ciclismoEsto sí que es una auténtica etapa de montaña de Gran Vuelta

Sin valorar la intensidad de entrenamientos y competiciones, quizá se podría extrapolar a carreras de un día. Pero, de nuevo, las comparaciones son odiosas. Comparar un monumento como la Paris Roubaix con la etapa del estudio vuelve a exponer sus carencias.

El estudio, a nivel profesional, debería declararse inconcluyente. Quizá, solo se podría declarar como válido en el campo aficionado, y hubiera sido interesante valorar el estudio en una Vuelta de dicha categoría, de 4 o 5 días de competición ininterrumpida.

Problemas de salud asociados al dopaje con EPO

El dopaje con EPO conlleva una serie de riesgos para la salud. Algunos de estos riesgos han sido identificados durante el tratamiento de patologías renales u otras patologías que requiriesen la estimulación de la eritropoyesis mediante EPO:

  • Desarrollo de hipertensión arterial.
  • Aumento de la viscosidad sanguínea.
  • Riesgo de trombosis.
  • Riesgo de aplasia medular de la serie roja por creación de anticuerpos anti-EPO.

Otro riesgo asociado al dopaje con esta hormona es la administración de hierro. Para que la eritropoyesis sea efectiva ante la estimulación de la EPO, debe haber hierro suficiente para la creación de hematíes.

Si, junto con la EPO, se administra hierro a discreción y sin control alguno, puede ocurrir que la ferritina (depósitos de hierro) se dispare, ocasionando una hemocromatosis secundaria o adquirida.

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